SUEÑO AMERICANO?

Hace dos años Luis Octavio Vélez, originario de la provincia del Azuay, decidió unirse al plan de cuatro cañarejos para migrar a los EEUU. Todos ellos vivían en la comunidad de Celel, del cantón Chordeleg.
En julio de 2007, tras despedirse de sus respectivas familias, los cinco hombres fueron guiados por un coyotero. Según lo pactado, desde Guayaquil tomarían un vuelo a México y desde allí a pie por el desierto de Arizona hasta Los Ángeles.
La última noticia que tuvieron los familiares fue a los pocos días de su partida. Se encontraban en Colombia desde donde emprenderían su viaje a México. Dos meses más tarde reciben la noticia que la lancha, en la que se encontraban los cinco migrantes, naufragó cerca de San Andrés. Al no encontrarlos, fueron dados por muertos.
Un hecho insólito, sin embargo, rodeaba la mente de los familiares de los migrantes desaparecidos: el padre de uno de los jóvenes recibe una llamada en la que un colombiano le dice que los jóvenes se encontraban en una tienda de su propiedad y que necesitaba que el Gobierno Ecuatoriano los retire. A pesar de que hicieron las gestiones necesarias en la Secretaría Nacional del Migrante, la búsqueda nunca llegó a concretarse.
Hasta que un día, semanas atrás, la historia dio un nuevo giro. Luis Octavio Vélez, hoy de 32 años, deambulaba por las calles del cantón Gualaceo (40 kilómetros antes de Celel) vestido como mendigo, sin pronunciar palabra y a la espera de que alguien lo alimente. Un adolescente betunero lo reconoció, llamó a sus padres, quienes sorprendidos casi no reconocieron a su hijo.
Pero ningún familiar sabe qué pasó durante estos dos años, porque Luis Octavio perdió la razón, “desconoció a sus padres, no sabe cómo se llama y solo repite comandante 14 y algo así como Panamá”.
Siguen desaparecidos su primo Pablo Mauricio, quien tenía 19 años; su cuñado Jorge Rigoberto Jara Jara, un año mayor; Jorge Sigüenza Juárez, primo de ambos; y, Brucel Buñay Bermeo; de 23, oriundo de Azogues, Cañar, quienes salieron de sus casas el 7 de junio del 2007 bajo la promesa de llegar a Estados Unidos.
¿Que pudo haber visto vivido y soportado el desafortunado Luis Octavio Vélez para perder la razón?
Tal vez su cabeza prefirió transportarse a otra realidad más vivible y felíz... la locura.
En julio de 2007, tras despedirse de sus respectivas familias, los cinco hombres fueron guiados por un coyotero. Según lo pactado, desde Guayaquil tomarían un vuelo a México y desde allí a pie por el desierto de Arizona hasta Los Ángeles.
La última noticia que tuvieron los familiares fue a los pocos días de su partida. Se encontraban en Colombia desde donde emprenderían su viaje a México. Dos meses más tarde reciben la noticia que la lancha, en la que se encontraban los cinco migrantes, naufragó cerca de San Andrés. Al no encontrarlos, fueron dados por muertos.
Un hecho insólito, sin embargo, rodeaba la mente de los familiares de los migrantes desaparecidos: el padre de uno de los jóvenes recibe una llamada en la que un colombiano le dice que los jóvenes se encontraban en una tienda de su propiedad y que necesitaba que el Gobierno Ecuatoriano los retire. A pesar de que hicieron las gestiones necesarias en la Secretaría Nacional del Migrante, la búsqueda nunca llegó a concretarse.
Hasta que un día, semanas atrás, la historia dio un nuevo giro. Luis Octavio Vélez, hoy de 32 años, deambulaba por las calles del cantón Gualaceo (40 kilómetros antes de Celel) vestido como mendigo, sin pronunciar palabra y a la espera de que alguien lo alimente. Un adolescente betunero lo reconoció, llamó a sus padres, quienes sorprendidos casi no reconocieron a su hijo.
Pero ningún familiar sabe qué pasó durante estos dos años, porque Luis Octavio perdió la razón, “desconoció a sus padres, no sabe cómo se llama y solo repite comandante 14 y algo así como Panamá”.
Siguen desaparecidos su primo Pablo Mauricio, quien tenía 19 años; su cuñado Jorge Rigoberto Jara Jara, un año mayor; Jorge Sigüenza Juárez, primo de ambos; y, Brucel Buñay Bermeo; de 23, oriundo de Azogues, Cañar, quienes salieron de sus casas el 7 de junio del 2007 bajo la promesa de llegar a Estados Unidos.
¿Que pudo haber visto vivido y soportado el desafortunado Luis Octavio Vélez para perder la razón?
Tal vez su cabeza prefirió transportarse a otra realidad más vivible y felíz... la locura.

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